19 de julio de 2012

Carta publicada por Diario El Líder a propósito de San Antonio

09 de Mayo de 2012, El Líder de San Antonio, página 4 Señor director: Esta semana he despertado con 36 años a cuestas. Aunque no nací en San Antonio, la mayoría de esos años los pasé en San Antonio, aunque por ahora circunstancialmente mis pasos caminen por otra parte. Y entre las cosas que me alegran, y que siempre me han alegrado tanto, esta la fanática, sin importancia y maravillosa coincidencia de cumplir años en la misma semana que la tierra que me miró crecer. ¿Sabe señor director? Antes del gigantesco mall, el Mega Puerto, los pubs, las bioceánicas torres, las autopistas del sol, y las mansas ni que contra ultra mega construcciones aquí solíamos jugar a la pelota en Barros Luco. Yo mismo lo hice, Señor director, con mis amigos del viejo Colegio Pompeya. Un colegio que fue la última obra de un portuario que halló en San Antonio esa magia que a los propios sanantoninos tanto nos cuesta encontrar. Todavía me acuerdo del Copacabana colgando sobre la Plaza de San Antonio, del cine de Barrancas, del Egas de San Antonio, de los Flippers de Llolleo, de la Radio Sargento Aldea donde ahora está Corona. ¿Sabe señor director? En esa radio cantó mi mamá. Y seguro las mamás de hartos de los que leen algo tendrán que decir sobre la Radio Sargento Aldea. Esa radio que estaba en la subida a Placilla y que después de un terremoto anterior al del ’85 quedó abandonada. Y a propósito de Placilla ¿Qué quiere que le diga de Placilla, Señor director, si ahí tiene sede el Club de mi abuelo? Y para ser justos, quizás cuántos abuelos más tienen sus fotos colgadas en Placilla, Cerro Arena, Barrancas, Cerro Alegre, Llolleo Alto, Tejas Verdes, Bellavista y todos los demás cerros y rincones que lucen sus coloridas casas a los marineros que vienen y se van. Ni me diga, señor director, que no se ha dado el lujo de pasear por la incomparable costanera que ofrece nuestro Paseo Bellamar. ¿O me va a salir ahora con que nunca ha comprado pescado o mariscos en los puestos de la salida a Cartagena, en el Mercado del Mar o a última hora en el mismo muelle? ¿Y la Boca del Maipo? ¿Y el Mirador del Cristo? ¿Y el Cerro Centinela? Podría seguir. Podría seguir harto rato hablando de San Antonio señor director. Por eso no me inquieta la encuesta. Ni esta, ni las que pasaron, ni las que vendrán. Porque hay que conocer San Antonio para saber que este puerto también amarra como el hambre. Se lo digo como nieto de sanantoninos, hijo de sanantoninos y con hijos sanantoninos. Como sanantonino orgulloso que soy le digo, señor director, San Antonio no es lo que nos dicen que es. San Antonio es lo que los sanantoninos queremos que sea.

26 de septiembre de 2011

Archipiélago de tragedias, una crónica desde el paraíso


A la hora que escribo las víctimas en el Archipiélago de Juan Fernández ya suman 22 sólo en lo que va de septiembre, los marineros de la Fragata Condell acaban de ser notificados de su permanencia por otros siete días en estos mares y en el poblado se levanta una fonda que tiene la difícil tarea de restaurar la moral de una isla golpeada por las tragedias. Son días duros en Robinson Crusoe.

por Juan Manuel Olivares
Desde el Archipiélago de Juan Fernández
Jueves 15 de Septiembre de 2011

(Texto publicado por diario El Líder de San Antonio en las páginas 8 y 9 de su edición del domingo 18 de Septiembre)

La Isla Robinson Crusoe emerge abrupta desafiando al Océano Pacífico tras agitadas 34 horas de navegación desde el Puerto de Valparaíso. A bordo de la Barcaza Chacabuco viajan buzos voluntarios que desde la sureña localidad de Mehuín vienen a colaborar en los operativos de búsqueda agradecidos por la mano que en su momento les tendió el empresario Felipe Cubillos, una de las víctimas de la Tragedia Aérea de Juan Fernández.
También viajan profesionales del Ministerio de Educación para coordinar la reposición de la Escuela Insular Robinson Crusoe, arrasada por el Tsunami hace poco más de año y medio. Y viajan también isleños, esa gente que forma parte de la residencia permanente de la isla que según el catastro municipal bordea las 860 personas.
Esa gente que ha tenido que soportar los embates inmisericordes del mar que destruyó el poblado y que por estos días, además, acapara la atención del país sacudido por el accidente aéreo del 02 de septiembre.
Lo primero que sorprende de Isla Robinson Crusoe (El archipiélago de Juan Fernández está conformado por tres islas principales: Robinson Crusoe, Santa Clara y Alejandro Selkirk, sólo la primera está poblada) es la insolencia de su flora. Y es que ya desde Bahía Cumberland el viajero podrá notar los milenarios pinos y eucaliptus que desafiando la gravedad se empinan hacia cerro El Yunque y el Mirador de Selkirk. Hay en la flora y fauna de esta isla declarada reserva de la biósfera especies endémicas y una riqueza natural que no escatima en encandilar con toda exuberancia.
Pero por estos días hay también en esta isla una pena contenida, un nudo en la garganta que recorre las esquinas, se pasea por el muelle y sufre en la desolación evidente del tsunami que aquí sigue presente.
Tan presente como la adversidad diaria de vivir en un pedazo de tierra de menos de 100 km2 que sufre con el centralismo característico de Chile. Y es que resulta frustrante hasta el límite de la indignación constatar que la vida de los isleños pende de los caprichos climáticos del Archipiélago. Si hay marejadas, por ejemplo, el traslado de un herido debe hacerse a caballo por un escarpado trayecto de 17 kilómetros que no tarda menos de cinco horas.
Es común también la escasez de hortalizas, tanto como la suspensión de vuelos por las inadecuadas condiciones del ahora tristemente célebre aeródromo de Juan Fernández. Una pista que no cuenta con torre de control ni iluminación mientras que las grandes urbes del país derrochan soberbias su luminiscencia cosmopolita.

Otra vez la muerte
Tras ser devastada por el Tsunami la Municipalidad de Juan Fernández se trasladó a las dependencias de la Dirección de Aeronáutica Civil. Convergen en incómodas oficinas compartidas todas las reparticiones del municipio y hasta el alcalde Leopoldo González solidariza su espacio con otros jefes de servicio para sacar provecho a la escasa infraestructura que desde febrero de 2010 en la isla no abunda.
Es el martes 13 de septiembre y el jefe comunal sostiene una reunión con el equipo del Ministerio de Educación cuando por radio se confirma la noticia. Hace instantes en el aeródromo un mecánico de la Fuerza Aérea de Chile murió alcanzado por la hélice de un avión.
Incrédulo, Leopoldo González se toma la cabeza con ambas manos. Hace una mueca de resignación y da instrucciones. Abre la puerta de su oficina y en cuestión de minutos la noticia ya está en twitter, en los portales de internet, en los noticieros.
Dos funcionarias municipales se abrazan al borde de las lágrimas. “Esto es demasiado”, dice una de ellas. Otra mujer cruza a grandes zancadas la distancia hasta el exterior. Va llorando.
En los minutos siguientes el alcalde recorre el amplio patio adornado de añosos cañones que apuntan a la Bahía Cumberland hablando por teléfono. Se toma el pelo, se tapa los ojos. Se ve que sufre.
Y el sol radiante sobre el poblado de San Juan Bautista no parece pertenecer a esta nueva escena de dolor y tragedia en el golpeado Archipiélago.
Antes de caer la noche de ese mismo día los niños de la Escuela Insular Robinson Crusoe lanzan flores nativas de la isla al mar como un humilde homenaje a los fallecidos en el vuelo de la FACH. La banda de guerra porta las cruces de los 21 y ahí van los nombres de Felipe Cubillos y Felipe Camiroaga, ambos con profundos vínculos en esta tierra.
Veintiún cruces son lanzadas a la Bahía de Cumberland en dos botes que portan el estandarte de la Escuela y una Bandera de Chile a la misma hora que los restos del cabo de la Fuerza Aérea, Manuel Alejandro Vera Abello, son trasladados a Santiago.
Estos son los días que se viven en Juan Fernández. Una mezcla de estupor y hastío. De dolor y resignación. De duelo y despojo.
Es que la rutina alterada de este Archipiélago ubicado frente a San Antonio, a 670 kilómetros del Continente, se nota desde temprano con las aspas de los helicópteros cortando el aire. Con el incesante movimiento de naves de la Armada por todas estas orillas. Con el deambular de los infantes de marina, de los equipos de prensa, de soldados de todas las ramas y de los civiles que han llegado llamados por la tragedia.
Y aunque la consternación y la pena siguen presentes, se nota también con cada nuevo día que la calma insular tiende a restablecerse. Cuenta de ello dan las ramadas que ya se levantan a la salida del muelle, frente a la plaza.
Todos quieren –queremos- creer que lo peor ya pasó. Que la esquiva reconstrucción que tímidamente se asoma representará el renacer de esta isla. Que la temporada de langostas que se inicia en octubre traerá consigo la bonanza que estos hombres de mar y sus familias se merecen.
Que al final de cuentas, tal como el mítico marinero escocés Alejandro Selkirk, el espíritu de la isla se repondrá a las adversidades de estas horas y emergerá en medio del mar como la ínsula estoica y abrupta cuyo tesoro escondido no es otro que ser en sí misma un invaluable tesoro.
Nada menos que un paraíso en medio del Océano Pacífico.


Fotografías de Isla Robinson Crusoe aquí:
http://www.flickr.com/photos/fotosdeolivares

Publicación de El Líder de San Antonio acá:
http://edicionimpresa.soychile.cl/san-antonio/?fp=20110918&pag=08

2 de septiembre de 2011

Desde tierra firme, escribo



...junto al equipaje que no llegué a ocupar, escribo...

Escribo en caliente. Escribo con un nudo en la garganta. Escribo dejándome llevar por lo que escribo. Escribo tras el abrazo firme de la vuelta a casa. Escribo después de haber llamado a los que quiero para decirles que los quiero. Escribo con la tele relatando lo que no quiero escuchar. Escribo con las radios de fondo y las redes sociales hirviendo alrededor. Escribo con las maletas hechas. Escribo con el llamado telefónico que confirmó mi viaje para el sábado repitiéndose como la música incidental de lo que escribo. Escribo porque me había propuesto escribir tan pronto llegara a Juan Fernández. Escribo porque no entiendo estas encrucijadas del destino. Escribo porque a veces la ironía salvaje de la vida es la más salvaje de todas las ironías. Escribo porque no sé qué es el destino. Escribo porque quiero creer que están vivos los del avión desaparecido. Escribo porque conozco algunos rostros de este infortunio. Escribo porque no quiero pensar en el mar cerrándose injusto sobre sus vidas. Escribo para pagar mis deudas con lo que aún no he escrito. Escribo porque me calma lo que escribo. Escribo sobre los rostros que me dictan lo que escribo. Escribo que vivir por convicciones vale la pena. Escribo que ninguna pena borra las convicciones. Escribo en las horas negras de la tragedia. Escribo en el mar oscuro de la incertidumbre. Escribo en la vereda de la fortuna que me permite escribir a esta hora.
Escribo porque tengo pena. Escribo porque escribiendo mis lágrimas borrar quisiera. Escribo porque me asusta esta artimaña. Escribo con las alas rotas de la esperanza. Escribo porque en ese avión íbamos todos. Escribo por los que hemos tenido segundas oportunidades. Escribo sin saber el final de lo que escribo.
Escribo aunque ya no quiero seguir escribiendo. Escribo sin la ambición del punto final de lo que escribo.
Desde tierra firme escribo.
Con el alma en la isla.
Con el corazón en una botella que quisiera llevar hasta esas playas donde los ojos de los que ahora pienso pudieran leer lo que escribo, escribo.
Por eso escribo.

29 de diciembre de 2010

Sí, yo sobreviví al 2010



(**La fotografía fue tomada en los estudios de ChilenaFM la mañana del domingo 28 de febrero cuando cumplimos las primeras 24 horas al aire)

Acá decir lo que uno piensa es mal visto. Acá lo que se estila es sobar el lomo, reírse a carcajadas con la misma persona que tan pronto da vuelta la espalda sufre los puñales cobardes del pelambre. Acá las boletas de honorarios sirven para justificar cualquier cosa. Acá el entrevistado es ídolo del entrevistador, acá somos todos amigos, acá el político se mete la mano al bolsillo si se siente presionado y los alcaldes juegan a la fama.


Por Juan Olivares

Una parte mía no quiere escribir lo que voy a escribir. Porque escribir es construir o reconstruir historias con palabras y hay cosas de este 2010 que honestamente no quisiera reescribir.
Un 2010 que, recuerdo, proyectábamos marcado por las celebraciones del Bicentenario y por el inicio de una nueva era en la historia de Chile. Y ahora en esa pausa que hacemos todos para aventurar un balance golpea con fuerza la estadística trágica del año que termina.
Está el terremoto. Tragedia que me tocó reportear y de alguna manera también protagonizar.
Con Andrea Vallejos fuimos el único equipo de prensa que registró los primeros minutos tras el cataclismo, el desconcierto en la madrugada, la emergencia fuera de control en el hospital, el tsunami en la Playa de Llolleo, el caos en Cartagena, el amanecer letal y triste del 27 de febrero.
Con Oscar Reyes, Luis Valderas, Patricio Urtubia, Daniel Corales, Iván Urrutia y Roberto Nercasseau la misma mañana del sábado comenzamos por la radio una transmisión que duró 123 horas hasta el jueves de la semana siguiente, cuando los servicios básicos ya estaban restablecidos en San Antonio.
En esos días, lo dije y lo mantengo, afloró lo mejor de los sanantoninos. El pueblo estaba en el suelo, había poblaciones enteras destruidas, los cuerpos de las víctimas asomaban entre los restos del maremoto y lo único que teníamos era nuestra voluntad de seguir adelante.
Y lo hicimos.
El invierno llegó implacable. Se ensañó con las “aldeas” nacidas tras la devastación, arrebató otras cuantas vidas, una de ellas en Santo Domingo y para mi el furioso invierno tiene la cara del temporal que avivó las llamas del voraz incendio que arrasó siete inmuebles en el barrio histórico de Cartagena.
Lloré en mi despacho cuando la gente huía con lo puesto y el fuego terminaba de consumir la cúpula de la Villa Gherardi, popularmente conocida como Castillo de Gendarmería, una de las casas históricas del balneario.
A fines de julio aparecí por última vez en Canal 2 de San Antonio, por coincidencia o capricho del destino, para presentar una noticia que seguí desde su inicio: El crimen de Juanito Miranda. Es que en julio de 2010 la Corte Suprema de Justicia cerró definitivamente el caso con las consecuencias ya sabidas. Un reportaje con la historia fue lo último que hice en este medio.
Y luego los mineros que ya no resisten una mención más en parte alguna, menos en mi resumen.
Antes de parpadear los dramas del paisaje que construyeron estos doce meses la tragedia golpeó de nuevo. Un bus a toda velocidad en una carretera mal hecha estrelló veinte vidas contra un camión que nos devolvió el nudo en la garganta.
Tengo en la retina las calles llenas de funerales, las banderas a media asta, las cintas negras y el sábado gris frente a la Municipalidad de San Antonio rodeada de fotografías.
Y se va el 2010.
El Puerto cumple semanas en paro. Un paro que si me apuran diré que no comparto, pues me parece descabellado indemnizar a hombres en plena edad productiva. Pues si el trabajo se termina porque te echan o se acaba tu contrato lo que debes hacer es buscar pega. El resto son puros matices.
Pero claro, acá decir lo que uno piensa es mal visto. Acá lo que se estila es sobar el lomo, reírse a carcajadas con la misma persona que tan pronto da vuelta la espalda sufre los puñales cobardes del pelambre. Acá las boletas de honorarios sirven para justificar cualquier cosa. Acá el entrevistado es ídolo del entrevistador, acá somos todos amigos, acá el político se mete la mano al bolsillo si se siente presionado y los alcaldes juegan a la fama.
Acá se acostumbra ver el vaso medio vacío, hacer la pega a medias, irse temprano, llegar tarde. Es de pobres trabajar mucho.
Acá todo da lo mismo.
Acá falta cariño.
Cariño por la tierra que nos ha visto crecer. Cariño por nuestras playas, por la historia de la bella Cartagena. Cariño por nuestra gente, por nuestro puerto, por nuestros profesores. Cariño por nuestros amigos y por lo que hacemos. Cariño por nosotros mismos al final de cuentas.
Tal vez por eso de mi parte pasará un buen rato antes de poder comenzar a olvidar los detalles del 27 de febrero, la lluvia azotando el incendio descontrolado de Cartagena, los vericuetos horribles del asesinato de un niño, las lágrimas del muchacho flaco que cruzó a pasos largos Barros Luco cuando una campana recordaba en sus repiques a cada víctima del choque fatal.
Tal vez no pueda explicar del todo mi decisión de no escribir más sobre San Antonio.
Tal vez por todo esto que describo pasará un buen rato antes de juntar las ganas que se necesitan para volver a decirles con cariño:
Soy el periodista Juan Olivares y estás son las noticias.

23 de noviembre de 2010

Lista de fallecidos y heridos

Actualización lista de fallecidos, y lugares de traslado de heridos.

FALLECIDOS

José Luis Abarca Saavedra, conductor del bus
Isaías Gática Hueitra, auxiliar del bus
Juan Hernán Ortega Vilches, conductor del camión

PASAJEROS FALLECIDOS

Juan Ernesto Kuln Ceballos
James Eldrin Ortiz Cordero
George Alain Saure Oyaneder
Ignacio Felipe Jeria Ceballos
Dagoberto Iván Millar González
Julio Enrique Luna Vásquez
Manuel Héctor Seguel Chavarría
Carolina Parra Vera
Carolina Vera Castro
María Cecilia Mejias González
Ignacio Rojas Astorga
Enrique Macnelly Díaz
Alfonso Vera Flores

LESIONADOS

Bianca Estrella López González 23 años
GRAVE - Politraumatizado TEC HOSPITAL SAN JOSE

Luis Andrés Vidal Durán 27 años GRAVE - Politraumatizado TEC MUTUAL ALAMEDA

Francisca Ruminao Murillo 36 años GRAVE - Fractura de pelvis SAN JUAN DE DIOS

Rafael Gatica Toledo 56 años GRAVE - Tec SAN JUAN DE DIOS

Juan Ugarte Farias 45 años GRAVE - Tec complicado y trauma tórax HOSPITAL BARROS LUCO

Cristian Uribe Castro 34 años MODERADO - Heridas contusas MUTUAL ALAMEDA

Jorge Valdenegro González 43 años MODERADO - Heridas contusas MUTUAL ALAMEDA

Nelson Valenzuela Peña 31 años GRAVE - Trauma de tórax POSTA 3

Karla Alarcón Quinteros 30 años GRAVE - Trauma Raquimedular HOSPITAL SAN JOSE

Mariela Daniela Pino Leiva 30 años GRAVE - Fractura de pelvis y trauma abd. SAN JUAN DE DIOS

María Fernanda Contreras Belmar POSTA CENTRAL
Sandra Olivares Abarca POSTA CENTRAL

Paula Aguilar (adulta) GRAVE - Politraumatizado TEC POSTA 3

José Venegas Gómez ACHS SANTIAGO

Paula Catalán Veloso MODERADO A GRAVE SAN JUAN DE DIOS

Victor Wagner GRAVE SAN JUAN DE DIOS

Fernando Alvarez de Uribare Moya POSTA CENTRAL

Mauricio Hernán Farias Vargas POSTA CENTRAL

12 de octubre de 2010

Ya nada será lo mismo


¿Cómo olvidar al ministro llorando porque uno de los sondajes pasó de largo?
¿Cómo olvidar a los pirquineros que a punta de picos y palas ofrecieron rescatar a los 33 con sus propias manos?
¿Cómo olvidar el domingo 22 de agosto cuando la prueba de vida hizo aparecer banderas por cada rincón de Chile?
¿Cómo olvidar la cueca en el fondo de la mina?

¿Papá, crees que los mineros están vivos?
Me preguntó Nicolás la tarde del 21 de agosto justo cuando en la radio terminaba de sonar un nuevo informe desde la mina San José.
-Quisiera que si, pero la verdad no lo creo.
Contesté en seco.
Y ahora cuando la tierra, en un multimediático parto, se apresta a dar a luz trato de recorrer en perspectiva los últimos 68 días.
Lo primero es una sensación de alegría por esa rotunda equivocación que a la vez representa la esperanza de 33 familias, de un país, del mundo.
Porque cuando el último foco se apague en Copiapó y lo mineros otra vez tengan que recorrer las entrañas de la tierra en las mismas condiciones de seguridad que había antes de todo esto, a pesar de esto, ya nada será lo mismo.
Porque para bien o para mal en cada uno de nosotros se alojó una historia, una anécdota, un recuerdo a la pasada, una relación con los 33 que de tanto en tanto y seguramente cada vez con menos frecuencia nos transportará a este indudablemente histórico 2010.
Se ha hecho la analogía del parto y a principios de septiembre cuando escribía sobre este mismo tema solicitaba que al nacer fueran los propios mineros los encargados de darnos algunas pautas mínimas de supervivencia.
Nada extraordinario.
Que nos enseñaran algo de su disciplina, un poco de su respeto por los mayores, matices de su afición a la jerarquía, lecciones para amar la vida.
Y mantengo.
A la hora que escribo no ha salido todavía ni un minero. Este parto largo nos tiene a todos pegados a la tele. Con ganas de verlos. Con ansias por su libertad. Con deseo de éxito.
Y ojalá este rescate sea la oportunidad que hemos estado buscando cada uno de nosotros y todos juntos.
Ojalá que nos demoremos harto en olvidar lo que ha sido este sueño bicentenario de la patria ajada de tanto sufrir por terremotos, volcanes, aluviones, pestes y dictaduras.
Propongo ahora que este nacimiento sea el momento de comenzar a ejercitar la memoria.
¿Cómo olvidar, por ejemplo, al ministro llorando porque uno de los sondajes pasó de largo?
¿Cómo olvidar a los pirquineros que a punta de picos y palas ofrecieron rescatar a los 33 con sus propias manos?
¿Cómo olvidar el domingo 22 de agosto cuando la prueba de vida hizo aparecer banderas por cada rincón de Chile?
¿Cómo olvidar la cueca en el fondo de la mina?
Ese día abracé a la mujer que amo, consciente del valor del mensaje. Brindamos con los amigos y nos conmovimos como todos.
“Estamos bien, en el refugio, los 33”
Se leía claro a la hora que Diego, mi otro hijo me llamaba por teléfono para decirme que nunca olvidaría este día.
El 22 de agosto Diego está de cumpleaños.
Entonces supe que en el año del Terremoto, del “Zafrada”, de los 33 mineros, de sus modestas familias y de la rebelión de las redes sociales todo se conjugó y para bien o para mal, ya nada será lo mismo.

7 de octubre de 2010

¡Temblor…Terremoto…Mentira! Paremos la Chacota


La Sección de Meteorología de la Dirección del Territorio Marítimo
ha pronosticado fenómenos atmosféricos y sísmicos para el día 16 del presente mes, basada en las siguientes observaciones:
El día fijado habrá conjunción de Neptuno con la Luna y máximo de declinación norte de ésta. A causa de estas situaciones de los astros, la circunsferencia del círculo peligroso pasa por Valparaíso y el punto crítico formado con la del Sol cae sobre las inmediaciones del puerto.
Cap. Arturo Middleton.
Valparaíso, agosto 6 de 1906.
(Carta enviada a El Mercurio de Valparaíso 10 días antes del Terremoto de 1906)


**La fotografía es del 05 de octubre, día del simulacro y evacuación de San Antonio

Tenía 9 años cuando un terremoto dejó en el suelo al Puerto de San Antonio. Los recuerdos de infancia, desde entonces, siempre estuvieron cruzados por lo que pasó ese inolvidable 03 de Marzo de 1985. La fogata donde mi abuela, mi padre explicando el “movimiento telúrico”, mis hermanos, mis primos. Y en los días, semanas, meses y años sucesivos fue crecer con la huella imborrable de un terremoto.
Tenía 34 años cuando un terremoto dejó en el suelo a gran parte de Chile.
Y debido a que la magnitud de la tragedia en otras ciudades ha impedido que este pueblo salga en las noticias que ven todos los chilenos me obligo a recordar que el 27 de febrero en San Antonio, once personas murieron, desapareció una población completa, 200 casas del camping de Llolleo y un centenar de embarcaciones fueron arrasadas por un maremoto; sin contar que miles de casas y decenas de edificios colapsaron para siempre. No es un error, ni una exageración, miles de casas colapsaron para siempre.
Relaciono una cosa con la otra porque ambos sucesos están separados por apenas 25 años.
Veamos.
Si en los años ’50 la esperanza de vida al nacer era 55 años, hoy es de 77 años (74 años los hombres, 80 las mujeres, como afirma un informe del INE de 2004). Hacia 2025 y 2050 se proyecta que la población adulta mayor aumente a 16% y 23,5% respectivamente.
Dicho esto me detengo sin más preámbulo: Cada uno de nosotros vivirá –al menos- tres veces en su vida un terremoto de magnitud suficiente como para causar un maremoto, cobrar unos cuantos cientos de vidas y arrasar unas cuantas ciudades.
Esto tiene una explicación.
Chile está ubicado en la denominada zona de subducción donde se producen algunos de los mayores terremotos del planeta. Por ejemplo, el gran terremoto de 1960 en Valdivia tiene el liderazgo como el mayor terremoto ocurrido en tiempos modernos en el mundo. Y el del 27 de febrero quedó en quinto lugar, con “apenas” 50 años de diferencia. Antes están los terremotos de Chillán en 1939 y el de Valparaíso en 1906. O sea 1906,1939 1960,1985,2010, e intermedios ¿Me siguen?
No hay duda, cada uno de nosotros vivirá –al menos- tres veces en su vida un terremoto de gran magnitud.
Y aquí voy al punto que me tiene sentado escribiendo esta columna: La Prevención.
Esta semana los servicios públicos, las escuelas, los trabajadores portuarios y las fuerzas de orden y seguridad coordinados por la Municipalidad realizaron en San Antonio una coreografía.
Se trató de un ejercicio que simuló un terremoto de 8 grados Richter y un posterior tsunami. 35 mil personas fueron evacuadas, se convocó en este ensayo el comité de emergencia y al final del día, salvo una que otra crítica muy de soslayo todos se felicitaron.
Y para poder escribir esto a propósito me fui a instalar al centro de San Antonio media hora antes de la alarma.
15 minutos antes todo el comercio cerró. 10 minutos antes casi no había gente en los paraderos y 5 minutos antes San Antonio ya era, aunque a medias, un pueblo fantasma.
No escuche sirena ni alerta alguna. A las 12.20 un carro de bomberos pasó arreando a los pocos peatones, en su mayoría empleados felices con la jugarreta. 10 minutos más tarde un furgón policial y eso fue todo, ya que microbuses y colectivos ni se enteraron.
Los portuarios, igual que los escolares y los empleados públicos por órdenes superiores llegaron a los puntos de encuentro que conocían sólo ellos y sus jefes.
No quiero que me malentiendan. Valoro el ejercicio. Encuentro buena la idea. Sentado en la mesa que conformó el Comité de Emergencia apoye esta iniciativa que como coreografía es muy buena, pero como simulacro quedó en deuda.
Porque debe involucrar a la gente, remecerla, conmoverla, llevarla a la acción.
Eso me parece lo más difícil porque tengo una sensación fundada y es que de tantos terremotos, aludes, tsunamis, erupciones volcánicas y tragedias ya nos acostumbramos a improvisar en vez de prevenir.
Porque prevenir automáticamente nos involucra, nos obliga a actuar. En cambio para improvisar, llegado el momento, todos somos buenos.
No quiero cansarme, ni cansarles con la perorata esta de los terremotos y la urgencia de involucrarse, o el llamado a repetir los simulacros por lo menos dos veces al año. No.
Sólo quiero recordarles el sábado 27 de febrero. Los muertos bajo los escombros, la gente mutilada, el mar furioso en Llolleo, Villa del Mar en el suelo, la pesadilla de la Caleta Mostazal, los cortes de agua, las fogatas en cada esquina, la única radio, las lágrimas en los ojos, el dolor en el alma.
De verdad, esto volverá a pasar y lo único que podemos hacer es estar preparados.
Urge terminar la chacota.


Listado de los terremotos y tsunamis de Chile desde el siglo XVI hasta el año 2007 en:
http://www.angelfire.com/nt/terremotos/chilehistoria.html

27 de septiembre de 2010

Sobre paladines oportunistas, datos duros y los aberrantes silos de San Antonio


Recuerdo a Iván de la Maza, tanto como a otros funcionarios públicos de tercera o cuarta categoría que ahora sobre la base de hechos consumados se disfrazan de paladines del bien común, de severos querellantes o de infalibles fiscalizadores cuando en su momento desde el lugar privilegiado que ocuparon, especialmente en la Gobernación Provincial de San Antonio, guardaron sepulcral silencio sobre estos "aberrantes" asuntos.


La noche del domingo el ulular de una sirena se desparramó por las calles y pasajes del sector de Barrancas –si el cálculo no me falla- desde Ignacio Carrera Pinto hasta Villa Las Dunas. La horrible alarma causó tanta preocupación como molestia en la inusual noche lluviosa de fines de septiembre en el puerto de San Antonio.
Horas más tarde un video subido a Facebook se transformó en evidencia de lo que a esas alturas muchos sospechábamos: Los “inofensivos” y gigantescos silos que aparecieron a fines de 2009 nos presentaban una más de sus innumerables maneras de decirnos que saben bien cómo no pasar desapercibidos en una ciudad cada día más fea. (Creo oportuno recordar aquí la bolsa gigantesca instalada frente a la Gobernación derrumbada, justo en un sitio eriazo desde 1985, a un costado de la cárcel cuyo edificio es todo menos estético)
Y mientras escribo pienso en el documento que la empresa Graneles Chile S.A. presentó a la CONAMA el año 2007, donde la compañía afirma que el proyecto de los silos “no se localiza cerca de población, recursos o áreas protegidas susceptibles de ser afectadas; no altera significativamente el valor paisajístico o turístico de la zona”.
Pienso también en toda la burocracia que impidió detectar a tiempo tales afirmaciones que no sólo llaman a sospecha, sino que a juzgar por todas las molestias que esta obra ha causado entre los sanantoninos, ya podríamos calificar derechamente como falsas.
Y digo burocracia para no acusar derechamente de incompetentes a quienes en su momento, ya desde la Municipalidad o el Gobierno Regional y Provincial, tuvieron la obligación de detectar semejante aberración.
Y uso el vocablo “aberración” porque en enero de este año la polémica llevó al entonces intendente de Valparaíso, Iván de la Maza, a convocar una reunión extraordinaria de la Comisión Regional de Medio Ambiente (Corema) para analizar el tema, tras calificar de “aberrante” el proyecto.
Y recuerdo a Iván de la Maza, tanto como a otros funcionarios públicos de tercera o cuarta categoría que ahora sobre la base de hechos consumados se disfrazan de paladines del bien común, de severos querellantes o de infalibles fiscalizadores cuando en su momento desde el lugar privilegiado que ocuparon, especialmente en la Gobernación Provincial de San Antonio, guardaron sepulcral silencio sobre estos asuntos.
Y a medida que derramo estas letras me acuerdo también de las declaraciones del alcalde de San Antonio, Omar Vera, que el 13 de enero dijo a El Mercurio que el municipio actuó dentro de la normativa para aprobar los permisos, y agregó que la zona habitacional afectada, cito textual, “tarde o temprano va a ir constituyéndose en una zona de respaldo portuario”.
Entonces con ese criterio y aprovechando que el “nuevo edificio” de la Gobernación Provincial colapsó debiéramos sin demora utilizar la Plaza de Barrancas para acopiar contenedores. Total en opinión del jefe comunal este sector “tarde o temprano va a ir constituyéndose en una zona de respaldo portuario”.
Todo mal porque en mi humilde opinión una vez más queda demostrado que la experiencia es eso que aprendemos justo después de haberlo necesitado.
Y para cerrar aportaré algunos datos sobre el proyecto que según Graneles Chile “no se localiza cerca de población” y “no altera significativamente el valor paisajístico o turístico de la zona”.
Pues bien lamento constatar que los silos tienen 28 metros de altura y 200 metros de largo. Afectan directamente a 60 familias y a tres colegios del sector que en total suman 800 alumnos.
Sin contar las horribles sirenas nocturnas cada vez más habituales, el ruido de las cintas transportadoras, el flujo de 300 camiones diarios y lo que significa tener que soportar a los oportunistas que lo único que han hecho es alardear sobre este “aberrante” asunto.

12 de septiembre de 2010

Desabastecimiento Bicentenario


No es verdad que el sólo hecho de cerrar los supermercados tres días seguidos devenga en un Apocalipsis para el que debemos prepararnos vaciando las estanterías consumiendo como orates hasta el último peso. Es mentira que colapsaremos sin el mall y eso puedo probarlo cuando pasado todo este jolgorio circunstancial empecemos de una vez por todas a preocuparnos del verdadero desabastecimiento: el del alma.

Por alguna razón que con certeza desconozco, pero que puedo intuir, no me siento tentado a salir corriendo al supermercado ante la alharaca desatada por los festivos seguidos que se vienen y que ha sido muy bien presentada por el periodismo de moda que en general procesa nada antes de emitir. Es más la urgencia por decir que la urgencia de pensar en qué decir.
Lo ocurrido con los llamados a “abastecerse” para las Fiestas Patrias son el más claro ejemplo de esto que planteo.
El uso de este verbo no es baladí en un país que ha sabido de “desabastecimientos” que en algunos episodios negros de la historia sirvieron para derrocar un gobierno y que en la contingencia sirvieron como excusa para la justificación de toda clase de saqueos tras el terremoto de febrero.
Por eso me parece tan ajeno y lejano esto de tener que “abastecerse” sólo porque los supermercados cerrarán sus anaqueles durante tres días seguidos. Un atentado a la economía nacional, al libre mercado, al derecho a trabajar, al derecho a comprar son sólo algunas de las banderas que han enarbolado los custodios del consumo.
Y rápido el asunto se convierte en Tema de Estado y cuáles promotoras de las grandes cadenas los medios advierten sobre esta situación convirtiéndose en la bujía que enciende la maquinaria que empuja los carros llenos que salen despavoridos de cuanto Jumbo, Tottus, Unimarc, o Líder puebla la patria.
¡Alto!
No es verdad que el sólo hecho de cerrar los supermercados tres días seguidos devenga en un Apocalipsis para el que debemos prepararnos vaciando las estanterías consumiendo como orates hasta el último peso del aguinaldo mendigado. Es mentira que colapsaremos sin el mall y eso puedo probarlo cuando pasado todo este jolgorio circunstancial empecemos de una vez por todas a preocuparnos del verdadero desabastecimiento: el del alma.
Porque mientras nuestros afectos estén puestos en las cosas que podemos tener y no en lo que queremos hacer estas alertas seguirán aterrándonos.
Porque mientras cada uno de nosotros siga valiendo por lo que tiene antes que por lo es seguiremos desabastecidos.
Desabastecidos de principios, de amigos de verdad, de caricias por recibir o entregar el domingo, el miércoles o el lunes.
Nadie es tan competente como dice su currículo, ni es tan atractivo como su foto de facebook, ni tiene tantos amigos o seguidores como en Twitter.
Nadie va a morir porque los supermercados cierren tres días.
No tienen derecho a infundir miedo con el “desabastecimiento” inventado por los dueños de la mercancía para no dejar de acumular.
Por alguna razón que con certeza desconozco, pero que puedo intuir, no me siento tentado a salir corriendo al supermercado.
Y si por esos días de “desabastecimiento” me ven deambulando con la mirada perdida, arrastrando los pies, con lágrimas en los ojos y empujando un carrito vacío; háganme el favor de darme una buena patada en el traste antes de corchetearme estas mismas letras en plena frente.
Seré yo, vuestro agradecido.

5 de septiembre de 2010

No estamos tan bien, en Chile, los 17 millones




Imposible abstraerse a la fascinación que causa la sola idea de imaginar a 33 hombres sepultados bajo miles de toneladas de rocas, a 700 metros de profundidad, vivos, organizados, con más esperanza que cualquiera de nosotros ante situaciones infinitamente menos complejas.
Pero la sola idea de imaginar queda obsoleta cuando la fuerza de las imágenes golpea la razón tanto como el coro de mineros golpea el corazón. Porque pasan cosas cuando los 33 apelan al más querido de los símbolos patrios, el himno nacional, para sacudir a Chile entero. Ese mismo puñado de estrofas que al mínimo entusiasmo colectivo asoma, casi siempre con la excusa del fútbol como telón de fondo, ahora fue capaz de interpretar el deseo de todo un pueblo.
Porque convengamos que hasta antes de todo esto el Bicentenario se parecía más a uno de tantos eventos y ni siquiera la ferocidad de uno de los terremotos más violentos de los que tenga registro la humanidad fue capaz de sacudir tanto las conciencias como lo ha hecho este acontecimiento nacional.
Y ya han pasado 30 días. Un mes que como en el mejor de los guiones dramáticos nos ha hecho transitar por el dolor de la tragedia, la esperanza del contacto, el éxtasis del milagro y la tensa espera del rescate final.
Es como si la tierra fuera a dar a luz. Como si Chile mismo pariera en sus 200 años a estos 33 hombres que nos han tenido pegados al televisor, a la radio, a internet, como ese padre ansioso que con lágrimas en los ojos mira una ecografía.
Pero es este un embarazo de alto riesgo.
Porque ya sabemos de memoria que en Chile nada es fácil. Un país que tiene como limites naturales el desierto más árido del planeta, la cordillera más extensa, el océano más grande y el Continente Antártico, ya está determinado. Determinado por el paisaje, que a su vez determina a su gente.
Su gente. Esa masa humana que ocupa el territorio y que tiene fama de sobreponerse a terremotos, tsunamis, aludes, erupciones volcánicas, horribles nevazones y atroces dictaduras.
Treinta días de un pueblo entero en vilo por lo que está pasando a 700 metros de profundidad en las entrañas del país.
De un pueblo alegre por el milagro que apuró la primavera, de un pueblo que antes coloreó de banderas sus poblaciones, de un pueblo que saca pecho por la astucia, por la fuerza, por el coraje, por las ganas de vivir que tienen los 33.
Y tras el alumbramiento ¿Qué?
Hay tantas respuestas posibles como chilenos dispuestos a contestar.
Por una parte podríamos decir que la efervescencia pasará tan pronto se apague el último flash en la Mina San José. Que luego consumiremos el millón de entrevistas, las miles de portadas y el alargue abusivo de este reality con la misma apatía de siempre. Con el desenfado que causa lo trivial.
Por otro lado podríamos creer que la dramática coincidencia que ubicó a este hecho en el año del Bicentenario puede ser la oportunidad cósmica de un nuevo comienzo. Del nacimiento de un Chile tolerante, inclusivo, capaz de mirarse a los ojos con la misma esperanza del minero asomado al lente de la sonda.
Ojalá no sea este uno más de esos anhelos permanentes y pasajeros por dar sentido a historias ajenas para no tener que incurrir en la desagradable tarea de tener que cambiar por dentro.
No conocemos el desenlace de esta historia. Imposible saberlo. Tendremos que esperar el “alumbramiento”. Como padres ansiosos, como hijos expectantes, como madres preocupadas.
Porque por lo menos eso ha ocurrido. Hemos estado todos rogando por un solo objetivo. Como un pueblo unido, como una nación hermana.
Y ya que la fuerza ha venido desde el fondo de la tierra, propongo que sean los mineros los encargados de decirnos qué hacer, de organizarnos, de enseñarnos a luchar, de no dejar que el derrumbe social sepulte nuestros sueños. Que podamos respetar al más viejo, que aprendamos a trabajar en equipo, que por más oscuro que esté seamos capaces juntos de salir adelante.
Mientras tanto podríamos darles una señal. Escribamos en cualquier papel, con la sangre de todos, el siguiente mensaje:
“No estamos tan bien, en Chile, los 17 millones”.
Y esperemos, a ver qué nos dicen.

21 de agosto de 2009

El Candidato


Por eso es frecuente y hasta estrictamente obligatorio que “El Candidato” hable, ya no en representación de si mismo, sino como delegado y custodio de los más amplios derechos de la ciudadanía. O sea, “El Candidato” habla por todos nosotros.“El Candidato” además sonríe. Siempre sonríe. Sonríe en sus afiches. En las páginas de la prensa. Sonríe en las cuñas para la tele.


por Juan Olivares M.


De la variada fauna política que puebla la sociedad chilena surge un animal digno de análisis y clasificación en vista de su incontenible reproducción en los denominados “años electorales”. Hablamos aquí de “El Candidato”. Claro, “Candidato” así con mayúsculas y acompañado del artículo “El”, que viene a convertirse en elemento diferenciador del sustantivo propio que envuelve al objeto de esta opinión.
“El Candidato” muy pocas veces avisa que nacerá. Es más, la mayoría de las veces la opinión pública, o sea todos los demás, nos enteramos de su aparición con declaraciones como: “He escuchado el clamor de la gente”, “He nacido para servir”, “Me han pedido que postule”, “Luego de una larga reflexión” y un interminable etcétera de frases hechas incomprobables que refieren siempre a una solicitud ineludible nacida desde lo más profundo de nuestra sociedad. O sea, desde todos y cada uno de nosotros. Vale decir, “El Candidato” es lo más parecido a un hijo comunitario, parido desde nuestros más inocentes y legítimos deseos de un futuro mejor.
Y aunque “El Candidato” no avisa que nacerá, uno perfectamente puede sospechar donde se está cocinando uno de estos bípedos parlantes.
A saber. Si por alguna casualidad se topa con un “Hijo Ilustre” ¡Cuidado! Ese sujeto puede evolucionar perfectamente en “El Candidato”.
Si conoce algún empresario dado a las donaciones, asistir a bingos, conceder entrevistas sobre la importancia del Calentamiento Global y sus efectos en el comportamiento sexual de las hormigas amazónicas; o socio del “Club de Amigos para la Conservación de las Ideas inconclusas de Heródoto de Halicarnaso “, esté alerta porque este ser humano común y corriente también puede derivar en ese ejemplar que hemos convenido en denominar “El Candidato”.
Y aunque históricamente el empresariado ha parido algunos de estos adminículos de campaña, son los partidos políticos –por excelencia- el caldo de cultivo ideal para la reproducción de candidatos. Porque los valores supremos de defensa de la democracia obligan a cada una de estas agrupaciones, que cada vez menos representan al electorado, a levantar “El Candidato” que ha de convertirse en paladín de la ambición desmedida del partido patrocinante.
Curioso asunto este último si atendemos a la realidad nacional donde la lucha por fugarse de los partidos políticos es inversamente proporcional al anhelo de estas colectividades de arrogarse cada vez con más furia la representación no sólo de los fugados sino también de los que nunca siquiera militaron.
Por eso es frecuente y hasta estrictamente obligatorio que “El Candidato” hable, ya no en representación de si mismo, sino como delegado y custodio de los más amplios derechos de la ciudadanía. O sea, “El Candidato” habla por todos nosotros.
“El Candidato” además sonríe. Siempre sonríe. Sonríe en sus afiches. En las páginas de la prensa. Sonríe en las cuñas para la tele. Y sonríe también en su andar mesiánico entre la tropa de mercenarios que siempre lo rodean a sueldo para simular una corte de fanáticos incondicionales que demuestran la cercanía de “El Candidato” con la gente. O sea, valga la redundancia, la cercanía de “El Candidato” con todos y cada uno de nosotros.
“El Candidato” está obligado a demostrar que es algo más que un bípedo parlante. Por eso no escatima en adjetivos, adverbios, sustantivos, artículos y pronombres para manifestar con toda claridad su nula capacidad de pensar en abstracto. Los verbos no son lo suyo.
“El Candidato” no tiene por que vivir, ni mucho menos haber nacido en el lugar que aspira a representar como uno más de los suyos. Tal majadería no es necesaria porque “El Candidato” ya aclaró que “No se puede elegir donde nacer, pero se puede elegir donde servir”.
Como plenipotenciario de la verdad y la transparencia “El Candidato” puede gastar cuanto antoje en darse a conocer. Cosa curiosa y paradójica esta de darse a conocer entre los mismos que de acuerdo a su propio argumento le suplicaron de rodillas que los representara.
Entonces convengamos en que “El Candidato” gastará lo que tiene y lo que no tiene hasta de ser necesario vender su alma al diablo con tal que la ciudadanía (todos nosotros) que lo designamos, podamos conocerlo.
Porque “El Candidato” desde su púlpito tiene plena certeza que no vale la pena perder el tiempo en algún plan de trabajo que de luces sobre su proyecto y lo que realmente cuenta es estar en el corazón de la gente. Ya está dicho, en nuestros corazones. Porque por todos es, o debiera ser, sabido que el hábitat natural de “El Candidato” es el alma de la gente. En fin, nuestra propia alma.
“El Candidato” estuvo siempre aquí. Lo que pasa es que no lo vimos.
“El Candidato” es, sin lugar a dudas, un luchador. Un bravo guerrero que ha sabido abrirse paso en la vida. Ya sea desde el mundo privado administrando con inteligencia sus divisas hasta tener el dinero necesario para mutar de Hombre de Negocios a Candidato. O desde la base del partido como disciplinado militante hasta cabecilla de esa banda que ha de convencerse de su condición de líder natural para representar en el servicio público los supremos intereses personales de todos y cada uno de sus fieles e incondicionales adeptos.
Cuando no “El Candidato” ha sabido dar buen uso al apellido heredado de su familia oligarca que de generación en generación sin excepción ha nutrido al Estado de tantos candidatos como funcionarios posibles. En este último caso no importan en absoluto las cualidades intelectuales o emocionales de “El Candidato” ya que basta para su nominación el apellido que le fue otorgado al momento de llegar al mundo. Casos como el anterior se repiten a cada rato en la historia de Chile. En la antigua y la reciente. Intuimos que se repetirán también en la futura.
“El Candidato” es un ser de nuestra era. Un hijo, aunque sea adoptado, de internet, twitter, facebook y el blackberry.
Ya no conforme con tapizar hasta el rincón más insignificante con su gigantografía “El Candidato” ha decidido lanzarse a la conquista del ciberespacio. Mensajes del tipo “trabajando por los problemas de la gente” –o sea por nuestros problemas- son algunas de las oraciones favoritas para titular sus posteos y por esa vía hacernos creer que tal cosa es posible.
“El Candidato”, es necesario y hasta urgente aclararlo, no tiene género. Da lo mismo si es hombre o mujer. Su condición de candidato está por sobre sus rasgos biológicos de masculinidad y feminidad.
“El Candidato”, por lo tanto, no es humano. Porque la humanidad obligatoriamente está ligada a ciertos rasgos de los cuales este artefacto carece.
Convengamos finalmente que definir tan antojadizamente esta especie presente en la raza humana no implica per se valores negativos o positivos.
Se trata más bien de una observación muy poco acuciosa de un fenómeno social presente en nuestros días. Hecha desde la perspectiva subjetiva de alguien que ha tenido la posibilidad de convivir, conversar, entrevistar y hasta respirar el mismo aire de “El Candidato”.
Claro que esto no representa ventaja alguna porque con todo lo ya dicho resulta muy poco probable, por no decir imposible, encontrar algún ciudadano contemporáneo que no haya padecido algún tipo de contacto, aunque sea sólo visual, con “El Candidato”.
Si hasta quien escribe estas líneas o el que las está leyendo tarde o temprano, sin notarlo siquiera, podría sufrir la silenciosa metamorfosis que de un día para otro convierte a una persona común y corriente en “El Candidato”.

13 de febrero de 2009

Ser "flaitelandés", a propósito de cierta columna farandulera


por Juan Olivares

Periodista, Licenciado en Comunicación Social



Inevitable referirse al tema. Claro, que le digan “Flaitelandia” a la tierra que a uno lo ha visto crecer no deja indiferente. Que se trate con tanto desdén al suelo donde vivieron nuestros padres y antes nuestros abuelos; duele. Que se añore un maremoto gigante para hacer desaparecer las calles donde crecimos, los rincones donde jugamos pichangas, las esquinas donde hicimos amigos, da rabia.
Pero pese a todo esto no hay que perder la perspectiva. Don Antonio Gil tiene todo el derecho a tenerle asco a la gente pobre de nuestro país. Tiene todo el derecho a decir lo que piensa sobre un puerto pobre postergado por décadas de abandono oficial. Tiene derecho a burlarse del pueblo desde la tribuna que le da el imperio de la farándula.
No seamos chovinistas y reconozcamos que el argumento tiene sentido. Porque en nuestro San Antonio es probable toparse con el escenario que este caballero describe de manera tan grosera. Pero es verdad que esa es la realidad de un Chile de dos caras.
Lo que a este señor escandalizó tanto en su recorrido por nuestras calles, invitado por sus amigos de Santo Domingo, no es muy distinto de lo que ocurre en Tocopilla, Cartagena, Mejillones, Pichilemu o San Ramón.
Lo que pasa es que a él le asusta. Porque sabido es que nada más asusta al ignorante que lo que desconoce. No es culpa del señor Gil tener amigos de tanta alcurnia. No es culpa del señor Gil que San Antonio, a tropezones muchas veces, intente ganarse un puesto en la oferta turística del país. No es culpa del señor Gil que los sanantoninos estemos recién aprendiendo a caminar en la carrera del desarrollo.
Desde la publicación del artículo hasta sentarme a escribir estas líneas he escuchado de todo. No comprar las Últimas Noticias es lo menos. Desde llamados desesperados de amigos para organizar la protesta de rigor, hasta la inútil querella del Alcalde.
Modestamente hermanos sanantoninos creo que esa es una apuesta perdida.
Más debiéramos preocuparnos por mejorar. Ser mejores vecinos, mejores personas, mejores anfitriones.
Porque hasta hace muy poco seres humanos de la “calidad” del señor Gil por estas tierras ni se asomaban. Y eso lo reconoce el propio Gil en su artículo.
Y si algo bueno se puede sacar de todo esto es la reacción. Me provoca mucha alegría que esto no nos de lo mismo. Me siento con fuerzas renovadas cuando desde la dueña de casa, pasando por el político pinta mono y hasta el Grupo de Facebook somos capaces de defender a San Antonio. Eso sí que es nuevo y me alegra.
Con respecto al señor Gil propongo ignorarlo. Tal como el ignora a Neruda, Huidobro y Parra que se han enamorado de esta tierra. Tal como el ignora a la clase trabajadora que se parte el lomo para que él pueda fisgonear con sus amigos del Club de Golf.
Da lo mismo lo que piense este columnista, pero no da lo mismo la forma en que lo diga.
Porque una sociedad madura y democrática debe denunciar el racismo, la discriminación y los fanatismos.
Y a juzgar por lo que leí don Antonio Gil no sólo es ignorante, sino además racista, fanático y miserable.
Y sujetos como el susodicho con poder pueden llegar a ser muy peligrosos. ¿O creen ustedes que tener una columna en el diario que más vende en Chile no es una herramienta poderosa?
De eso hay que cuidarse. Lo digo con toda humildad, como buen flaitelandés.

22 de junio de 2008

“A los amigos siempre se les tiene presente”


A mi amigo Manuel Alfredo Jara Pobrete (1977-2008) Q.E.P.D.

Por Juan Olivares

Por alguna razón escribir para mi siempre ha sido un escape. Una forma de manifestar sentimientos, ideas y proyectos. Y ahora escribir necesito para despedir a un amigo.
No puedo decir que "Jarita” era un compañero de trabajo. Al principio lo fue, pero con el paso del tiempo nos hicimos amigos; grandes amigos.
Es que en trabajos como este la confianza en el otro es fundamental para un buen desempeño. Es una función complementaria de camarógrafo-periodista tan esencial que de ella depende el éxito del trabajo realizado.
A Manuel Jara lo conocí a fines de los noventa cuando llegó a nuestro Departamento de Prensa. Es raro, pero no recuerdo haberlo visto enojado. No recuerdo una discusión con alguien, menos alguna pelea.
El cigarro amigo en la mañana permitía empezar la jornada. La sonrisa desde temprano. La talla a flor de labios. El piropo certero. La mano siempre extendida. Una piscola cualquier viernes, o lunes, o miércoles.
Infinito de amigos, gigante de corazón. Enamorado de la noche. Madrugador empedernido. Camarógrafo al cien por ciento.
En estas horas no he dejado de pensar en aquella vez que reporteando un incendio forestal quedamos atrapado en un claro. De pronto las llamas nos rodearon por todos lados y por suerte personal de CONAF nos encontró y nos ayudó a encontrar la salida. Las imágenes del incendio eran impactantes.
En más de cinco años de reporteo conjunto varias veces estuvimos en operativos policiales. Bajo la lluvia, por las mañanas, a media noche, en la carretera, a pleno sol, en los cerros, siguiendo asesinos, esperando en la cárcel, en frente de los juzgados, buscando entrevistas, armando noticias, haciendo campañas solidarias, tomándonos un trago, conversando de la vida, apoyándonos en el dolor, disfrutando en la alegría.
“Tan bonitas las cosas que escribe usted Juanito, podría enseñarme pa` ver si me conquisto alguna chiquilla en el messenger”, me repetía con harta picardía cuando la prosa se asomaba en alguna nota periodística.
Para que hablar de sus "monos" fuera de foco o de sus entrevistas "azules".
Historias sobran. Noches de conversa son las que ahora faltan.
Y es paradójico porque creo que en momentos como este los amigos de la talla de Manolo son imprescindibles.
¿Qué diría de vernos con estas caras largas por los pasillos del Canal que ahora parecen más fríos?
¿Qué haría al ver nuestros rostros descompuestos? ¿Qué pensaría de las lágrimas que se nos han escapado cuando lo hemos recordado?
Creo saberlo.
Jarita estaría con nosotros y de ser necesario nos abrazaría. ¿No por eso no vamos a fumar? Diría primero y luego tiraría una talla. Hablaría bajito usando ironías sólo para hacernos reír. Para que el dolor no fuera tan grande y pudiéramos entender que la muerte es parte de la vida.
Luego fumaría otro cigarrillo y caminaría con su pantalón de tela y polera en el tono en busca de una “agüita” para pasar las penas.

Pero Jarita no está y tenemos que hacer el trámite sólos. Apoyados los unos con los otros. Como la familia que somos.

Porque el valor de nuestro Canal no está en sus equipos técnicos, ni la infraestructura. El valor de este medio está en sus personas. Esta gente que todos los días lucha por hacer una televisión con identidad propia y al servicio de San Antonio. De esta manera nos transformamos en una familia. Aquí cada trabajador conoce a los padres, esposas, hijos y hermanos de sus colegas. Compartimos bautizos, casamientos, navidades y cumpleaños juntos.

Entonces por eso duele tanto cuando pasa esto. Duele y es inevitable llorar porque duele.
Jarita era uno de los nuestros. Uno más de esta familia que hoy día sufre por esta irreparable pérdida.

No me queda más que dar gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de trabajar con el inmenso Jarita, de haber sido parte de su vida y de haberme convertido en su amigo.
Las mismas palabras que me dedicó hace poco cuando nos encontramos por Internet ahora me sirven para despedirlo: “A los amigos siempre se les tiene presente”, me escribió.
Nada más que decir.

Hasta siempre Jarita, por acá nunca te olvidaremos...

30 de abril de 2008

La lluvia, el dolor de cabeza y el invierno que deseo...


Algún día San Antonio será distinto, no por lo que hagan otros; sino por lo que cada uno de nosotros esté dispuesto a hacer todos los días.


por Juan Olivares Meza

Es lo mismo de siempre. Llega mayo y me duele la cabeza. Cada año el dolor es más intenso. Y si es año electoral, peor. Pensar en las demandas de los estudiantes. Demandas que alguna vez fueron “mis” propias demandas sin que pueda ahora saber cuando dejaron de serlo. Demandas de los trabajadores que a través de una organización tan arcaica como la Central Unitaria intentan transmitir al ciudadano común y corriente. Ciudadano que ya no está sindicalizado, no sabe de imposiciones y con suerte tiene trabajo. Eso si consideramos que una de las acepciones para trabajo está definida como el “Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza”.
Curioso porque ahora que lo pienso no conozco a nadie que se haya hecho rico trabajando de manera honesta. Lo que a la vez me hace inferir que me rodeo de sólo de rufianes. Y esto último me deja un poco más tranquilo.
Dolor de cabeza por tener que soportar otra cuenta de la Concertación en el Congreso Pleno con una presidenta que perdió la credibilidad inicial y que se alegra porque subió cuatro puntos en la última encuesta. Encuesta que representa, en teoría, a un grupo representativo de la sociedad chilena, si es que asumimos a partir de este argumento que existe algo como esto.

La derecha, en tanto, no me provoca mayor comentario. Esos se "marcan" solos, como diría un pelotero.
Ya es mayo y por estos días debieran empezar las lluvias. Lluvias que parecen un bien demasiado preciado como para que aparezca con esa frecuencia antigua cuando no había que cruzar los dedos para que lloviera. “Abril, lluvias mil” recuerdo que se decía.
Y es urgente que llueva puesto que de no ocurrir semejante fenómeno climático la cosa se pondrá negra. Oscura para ser más exactos.
Ni hablar de las alzas que la ausencia de chubascos provocará por estos lares.
Pero cuando eso ocurra ahí estarán los demagogos de siempre para invitarnos a estar tranquilos. Y con más hilaridad que los anteriores los proyectos de alcaldes y concejales llegarán con su iluminación a traer las soluciones que nunca quieren practicar de no ser electos antes.
Ya no está ese verano que nos abrazó con el calor de su sol instalado sobre nuestras cabezas en el febrero caliente que pasamos. Y el nefasto marzo emprendió la huída ante un abril fanfarrón que murió a manos del mayo que trajo el ya instalado dolor de cabeza.
Pero por esa condición instintiva del ser humano y que obedece más a una cosa media primitiva arraigada en ese artefacto que llamamos alma es que tiendo a confiar.
Confío en que el dolor de cabeza va a pasar. Confío en que los estudiantes estarán mejor que ahora. Que los trabajadores gozarán de mejores empleos y mucho mejores salarios. Confío en que los políticos reecordarán alguna vez cual es la esencia de la política.
Confío en las lluvias que volverán para mojarnos como ha sido cada uno de los inviernos que ya pasaron.
Y me apuro en mirar al horizonte para ver acercarse esas nubes negras que tanto me gustan. Porque quiero que llueva. Que llueva como antes.
Y como antes chapotear por las calles de mi puerto.
Y no atribuyo los cambios que ansío a hombre alguno. Atribuyo los cambios que anhelo a todos en su conjunto.
Porque si llueve nos mojamos todos. Y porque un deseo multiplicado por mil hace miles de deseos.
Algún día San Antonio será distinto, no por lo que hagan otros; sino por lo que cada uno de nosotros esté dispuesto a hacer todos los días.
Pensando de esta manera probablemente no juntemos mucha riqueza. ¡Pero puchas que vamos a ser felices!
Si ya puedo imaginar esos nuevos días sin dolor de cabeza y llenos de lluvia….

26 de febrero de 2008

El carnaval de la gente


A menudo se dice que el sanantonino es fome. Que es amargado. Que tiene depresión. Que encuentra todo malo. Que es negativo.
Repetir frases como estas no hace sino alejar la realidad de la verdad y como todos los prejuicios tarde o temprano termina por quedar en evidencia la falta de contundencia en el argumento.
Y eso es precisamente lo que hicieron las murgas: terminar con un nefasto y enquistado prejuicio
¿No lo creen? Pasen y vean.


por Juan Olivares M.
Periodista-Lic. en Comunicación Social

Fue una fiesta. Una multitudinaria y hermosa fiesta. Una fiesta en la que nadie quiso quedarse afuera. Una fiesta en la que los sanantoninos volvieron a encontrarse con parte de su historia.
Una fiesta que le permitió a este pueblo recuperar una de sus más bellas y queridas tradiciones.
Y es que en los recuerdos de cada sanantonino están grabadas esas interminables tardes de carnaval donde la Caleta de Pescadores, Camino Viejo, Placilla o Villa las Dunas brillaban en una murga que se paseaba por las calles del viejo puerto.
Y ahora por fin la fiesta está de vuelta. Lo saben los miles de espectadores que el carnaval tuvo en sus dos jornadas finales.
Lo saben también los pobladores de los barrios que durante semanas se esmeraron por lucirse en cada presentación.Y lo saben también los organizadores que a la hora de los balances sólo pueden sacar cuentas alegres por la multitudinaria respuesta que tuvo el llamado a participar del carnaval que terminó convirtiéndose en una fiesta familiar.

Hace mucho que no veíamos una fiesta como esta. Hace tiempo que los sanantoninos no se encontraban en jornadas como las de antaño.
Hace rato que los vecinos no se organizaban con el único afán de participar.
Hace falta que con más frecuencia el espacio público se convierta en un lugar de encuentro para los ciudadanos.
Y eso fue precisamente lo que hizo este carnaval. Reunió a la familia en torno a un espectáculo realizado precisamente por familias.
Cientos de familias que durante varias semanas se dieron a la tarea de crear disfraces, de ensayar los bailes, de construir gigantescos carros alegóricos, de pintarse la cara y bailar por las calles.Esfuerzo que fue agradecido hasta la emoción por los miles de espectadores que tuvo el carnaval.

Recuerdo haber visto una mujer que con lágrimas en los ojos dijo que estas murgas le recordaban la infancia. Y recuerdo también unas fotos en la casa de mi abuela con algunos tíos vestidos de romanos en la Murga de Camino Viejo. Y recuerdo también los juegos con mis primos y nuestros disfraces para la misma murga.

La historia dirá que el Carnaval 2008 se lo adjudicó Cerro Placilla que en la final deslumbró con una cobra gigante que sacó ovaciones a su paso por las calles.
Esa misma historia dirá que la fiesta reinó en un verano de febrero. Como antes.
Como siempre tuvo que ser y como esperamos que vuelva a suceder.
Se apagó el ruido de las batucadas, se callaron los bombos y las cajas. Se perdieron por Barros Luco miles de caras pintadas.
Pero sólo de manera momentánea, porque detrás de cada uno de estos disfraces y detrás de cada una de estas fantasías sobre ruedas se esconden los sueños de un pueblo que a lo largo de su historia ha sabido sonreír.
A cuidar entonces lo que se ha rescatado y a pensar en los desafíos que se vienen para no perder otra vez tan hermosa tradición.
Una costumbre que hace que por estas tierras la gente tenga la sana costumbre de disfrazarse, de salir a las calles y bailar.
Porque San Antonio no sólo es mar, puerto, pesca y poesía.
San Antonio es caras pintadas y alegría.
San Antonio es carnaval en las poblaciones.
San Antonio también -créanlo señoras y señores- es murga y es comparsa.

6 de diciembre de 2007

Estas son las noticias



"La gente joven está convencida de que posee la verdad. Desgraciadamente, cuando logran imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad"

Jaume Perich



Siempre pasa lo mismo. Llega el mes de diciembre y de manera inevitable se vienen los recuentos. El balance del año, el resumen de lo que se hizo o de lo que se dejó de hacer.
En este mismo espacio hace un año las cuentas fueron sacadas. Y ahora la tentación es tan grande que resulta inevitable mirar el camino recorrido.
Y al mirarlo es evidente que a estas alturas provoca mucho más mirar el camino por recorrer.
Porque nada empezó ni terminó en este 2007 de transición. Todo quedó en ascuas.
Salvo la brutalidad de algunos crímenes, que nunca fallan, las sorpresas desde mi perspectiva no fueron mayores.
El casino casi-no se construye. El puerto otra vez arrojó cifras rimbombantes en transferencia de carga. Los enroques del pituto concertacionista ya no inquietan a nadie.
Y ni siquiera hay, a estas alturas, certeza de quienes serán los candidatos que tendremos que botar. Tal cual, con “B”. Sólo elegimos uno y en ese acto botamos al resto.
Lo que se viene en cambio es atractivo por donde se le mire.
¿Finalizará alguna vez la construcción del casino?
¿Será Omar Vera alcalde por un nuevo período?
Y si no ¿Quién será el nuevo?
¿Nos explicarán algún día que cresta es el Plan San Antonio?
¿Dejarán de mirar para el lado los asesores del Gobernador cada vez que preguntamos qué es lo que hacen, cuánto ganan y cuál es su calificación profesional?
¿Dónde quedará instalado el Ecoparque?
¿Darán la cara los mafiosos?
¿Cuántos años pagará el sicópata de Algarrobo por su crimen?
¿Quién mató a Jaime Zuñiga?
¿Llegarán algún día los refuerzos policiales?
¿Qué le pasó a Soledad Eyzaguirre?
¿Cuántos de los seis alcaldes de la provincia serán reelegidos?
¿Dejarán de mentir algunos bomberos?
Y sobre lo mismo ¿Volverán Miranda y Wallis?
¿Cambiará de nombre la calle Pudeto?
¿Se robaron o no se robaron la plata de los PGE para financiar la campaña de Venegas?
¿Patricio Miranda y Nevenka Beltrán serán finalmente condenados por el crimen de Juanito?
Y podríamos seguir.
Porque son tantos los desafíos pendientes que al terminar el año no queda sino tomar fuerzas para seguir adelante.
Como ha sido siempre. De frente. Con ganas. Libres. Sin compromisos salvo el de informar veraz y oportunamente.
Otra vez perseguiremos al bombero que no da la cara. Otra vez le diremos ladrón al que roba y se lo diremos en su cara si es posible.
Otra vez nos burlaremos del político chanta.
Otra vez nos amenazarán los flaites y los poderosos.
Otra vez nos van a quitar los auspicios cuando digamos la verdad.
Otra vez cuestionaremos al poder allí donde se halle.
Otra vez esquivaremos las balas para llegar primero.
Otra vez levantaremos la voz cuando todos callen.
Otra vez nos van a mirar feo.
Otra vez dejarán de saludarnos.
Otra vez van a querer demandarnos.
Otra vez llegaremos temprano y nos iremos tarde.

Otra vez nuestras familias van a reclamar cuando en día libre dejemos todo por ir tras las noticias.
Otra vez volveremos con más fuerza a la carga.
Porque esto no termina aquí. Por el contrario esto recién comienza.
Porque además estamos convencidos de que vale la pena.
Porque cuando cada una de estas dudas y todas las que quedan se despejen ahí estaremos para contarlo.
Porque si eso no pasa estaremos ahí para exigir que se aclare.
Pero sobretodo estamos convencidos que cuando ello ocurra ustedes van a estar ahí para seguir escuchando, leyendo, mirando.
Fieles auditores, lectores, televidentes.
Como ha sido hasta ahora, como seguirá siendo siempre.
Ya estamos en esto y nada ni nadie nos va a detener.
Porque no tenemos remedio, porque somos locos, porque tenemos la fuerza para hacerlo y porque a cada rato esperamos con ansias poder decirles:
"Señoras y señores: ¡Estas son las noticias! "

16 de agosto de 2007

¿Justicia para todos?

“Justicia es el hábito de dar a cada cual lo suyo”.
Ulpiano (170-228) Jurista romano



Por Juan Olivares
Periodista – Lic. En Comunicación Social

Es raro esto de reportear tanto.
Suele juntarse información en demasía. Muchos datos, lugares, nombres y detalles van quedándose en el disco duro.
El tiempo dedicado a este oficio lo va nutriendo a uno de experiencias que al final determinan la conducta.
Alguna vez alguien me dijo que los periodistas no deben involucrarse. Que deben informar de manera objetiva, aséptica, sin matices.
Habladurías pienso ahora.
Hace poco más de un año una fuente me llamó para contarme que en el Puente Arévalo de San Antonio habían asaltado a una persona. A esa hora lo llevaban muy grave al hospital.
Con mi camarógrafo fuimos los primeros en llegar. Todo era confuso.
Un televisor envuelto en una frazada a mitad del puente. Y una mancha de sangre fresca. Mucha sangre.
Unas zapatillas por acá y algunos policías haciendo los primeros peritajes.
Luego un niño relatando los hechos, describía al ladrón llorando.
La sangre en el puente era de su padre que había muerto minutos antes.
También recuerdo que nadie quería declarar. En off comentaban que algunas personas habían visto lo que pasó pero nadie intervino.
El trabajador había pillado al ladrón robando, lo persiguió, lo alcanzó y peleó por sus modestos bienes. A cambio recibió una certera estocada en el corazón.
Algunos días después otra vez nuestro equipo periodístico lideraba la captura del asesino.
Participamos del operativo y registramos las primeras imágenes del autor de tan cobarde crimen. Ese día supimos cómo se llamaba: Francisco Antonio Leiva Sanhueza, alias “El Mirón”, de 37 años.
Un delincuente habitual con un prontuario enorme.
Luego su formalización y la batahola en el tribunal. Los gritos desesperados de la madre del trabajador asesinado, la ira de sus hermanos, la rabia de la gente, el llanto de los hijos sin padre.
Y ahora después de un año el Juicio Oral.
Una hoja en blanco me provocó escribirla justo antes de conocer la sentencia y ahora transcribo:
“..esta gente espera por justicia
Refunfuñan su rabia masticando venganza
Los nombres de los jueces escritos en la tabla me miran
Y el reloj avanza al compás de la lluvia…
Cada imagen de esta historia
ametralla los recuerdos
el puente, el llanto, la sangre y un televisor
zapatillas, una frazada y policías.
Un hombre muerto y un asesino en fuga.
Luego su captura. Veloz, salvaje, cinematográfica tal vez.
Rabia, llanto y dolor
Y en el juicio alegatos de locura y acusaciones de simulación.
El Mirón nos habla y apela a que los jueces escuchen la verdad.
Y sabremos. Culpable ya es.
¿Cuánto?
Está por verse”.
La respuesta es desoladora.
Los jueces estimaron que la vida de Octavio Galleguillos valía 12 años.
Y a esa cantidad condenaron al acusado. Más cinco años por un robo cometido en otro lugar.
En total diecisiete años de los que ya cumplió uno.
La lluvia llegó junto con las lágrimas de un puñado de personas. Eran los familiares del ferretero que en un acto desesperado intentaron linchar al asesino justo cuando ingresaba a la cárcel.
Agrupados en el acceso al penal patearon las puertas y apuntaron su rabia hacia Gendarmería.
En el interior Francisco Antonio Leiva Sanhueza volvía a la misma celda que ha ocupado durante los últimos doce meses y que será su morada por los próximos dieciséis años.
Es el hábitat natural de un individuo que ha dedicado su vida a delinquir, que está acostumbrado a la cárcel, que en su última temporada libre robó de manera impune hasta que la mañana del 11 de julio de 2006 se topó con Octavio Galleguillos.
El ferretero que se resistió a que un desconocido le robara sus pertenencias.
A cambio recibió una puñalada en el corazón.
A esta hora de seguro “El Mirón” saca cuentas alegres porque se libró de la cadena perpetua cuando el tribunal dijo que la vida de Octavio Galleguillos valía 12 años de cárcel.
Mucho menos que la carrera delictiva que su asesino inició en 1985 y que terminó el miércoles 15 de agosto cuando nuevamente fue condenado por la justicia.
Justicia que se quedó corta para esta familia.
El asesino siempre tuvo un abogado. Las víctimas tuvieron que conformarse con el fiscal que ni siquiera representa sus intereses sino los del Estado.
Otra vez gente que no tiene dinero debe conformarse.
Y como ya dije, este trabajo suele dejarlo a uno con demasiada información.
Tanta que no alcanza una crónica, una nota, ni siquiera un reportaje.
El tiempo lo nutre a uno de experiencias que determinan la conducta.
Y como la objetividad no me interesa también me resisto.
Tomo partido, me involucro y protesto.
Protesto porque a esta hora dos hijos lloran a su padre.
Porque un asesino despiadado mató mucho más que a un ferretero.
Mató a una familia.
Y eso, cuando menos, debería dolernos a todos.
A mi me indigna.
Esta justicia, me indigna.
Saquen ustedes sus propias conclusiones.

20 de julio de 2007

San Antonio mi ciudad


por Juan Olivares

Empiezo a ecribir estas líneas justo cuando el televisor me vomita las mismas opniones “políticamente correctas” de siempre. Personas, o personajes, que sin el ánimo de mojarse sus traseros me plantean las ideas que hace rato intuyo; pero que emanadas de ellos carecen de sentido.
Es hoy el día en el que me he dado cuenta que no estoy sólo. Que vale la pena disentir. Que es gratis tener ideas. Que la manada no me interesa.
Es hoy cuando he conocido cierto lugar del cyberespacio (sic) denominado http://www.sanantoniomiciudad.blogspot.com/
Sitio en comento que manifiesta una molestia ciudadana.
Cobarde si se quiere.
Porque son sujetos enmascarados que plantean cuestiones muy importantes como para ser anónimas.
Ya, en este mismo espacio, alguna vez manifesté mi más profundo rechazo a prácticas de este tipo.
Pero hoy debo desdecirme. Retractarme. Hechar pie atrás. No porque piense lo contrario sino porque hoy el enemigo es distinto.
Hablo de un enemigo que huele a mentira por todas partes.
Y nosotros los seres humanos comunes y corrientes carecemos de argumentos concretos como para tener idea.
Alguna vez –por ejemplo- sanantoniocity se planteó como un medio pluralista, distinto, como un espacio de trinchera. Pero la falsedad del argumento cayó por su propio peso.
Hoy este blog que he conocido representa mucho más que la ambición de cierto político derrotado.
Representa el sentir ciudadano.
Representa al parqueador
Al feriante
Al almacenero
Al ilustrado
Al profesional y al lustrabotas
Y sé que representa también a mi madre
A mi por lo menos me representa.
Porque representa las ganas de saber qué es lo que pasa
Las mismas ganas de cualquuier sanantonino hasta los huesos
Hasta el alma si se quiere
Representa a un montón de personas de esta humilde tierra
En el más amplio sentido
Porque también representa la posibilidad de exigir la verdad.
Porque es el espacio de los que no tenemos plata para pagar abogados.
Porque no somos amigos de ningún magistrado.
Porque todas estas redes, por mucho...
...nos superan.
En concreto poco me importa si este señor Tapia tiene más o menos millones.
Si le pagó a este o al otro.
Si es amigo de tal o de cual.
Poco me importa cuántas campañas políticas más esté dispuesto a comprar.
Menos me provocan sus deseos faránduleros de financiar telepredicadores.
Sólo quiero saber de frente y en serio qué es lo que quiere. Quienes son sus socios y hasta donde está dispuesto a llegar.
Como en democracia.
De frente y sin caretas.
Sin “arreglines” de última hora.
Exijo saber la verdad.Como cualquier hijo de vecino.
Exijo, sencillamente, no ser engañado.
San Antonio lo merece.
Nosotros también.
La verdad queremos.
Nada más...
...Nada menos

19 de junio de 2007

Delincuencia versus Seguridad Ciudadana: ¿Quién está ganando la batalla?




Saquemos la cuenta de los hechos delictivos que han sido denunciados en los últimos meses donde las armas de fuego son protagonistas. Ni siquiera enumeremos el año anterior ni los primeros meses de este 2007. Remitamos nuestro análisis a los últimos sesenta días. Este sencillo ejercicio como mínimo debiera asustar.

Por Juan Olivares

El jueves 7 de junio un adolescente de Cartagena fue encerrado por tres delincuentes en su propia casa. El inmueble fue desvalijado.
El domingo 10 de junio dos tipos armados asaltaron la ofina de Tur-Bus en pleno centro de Cartagena. Robaron la recaudación del fin de semana.
El lunes 11 de junio dos sujetos irrumpieron en una céntrica botillería de San Antonio. Uno disparó al aire en el interior local.
El martes 12 de junio dos sujetos armados asaltaron una joyería. Huyeron amenazando de muerte a quien intentara seguirlos.
El lunes 18 de junio un hombre aparece muerto con un balazo en la cabeza a metros del hospital. ¿Suicidio u Homicidio?. No hay pistas.
Y esta es apenas una muestra de lo que ha sucedido en nuestra zona en las últimas semanas donde ni siquiera se cuentan –como diría un abogado- los hechos de menor cuantía. Tampoco está en este resúmen el homicidio de un almacenero en Cartagena.
Son crónicas que nos hablan de robos, armas de fuego, delincuentes encapuchados, violencia y dramáticos testimonios.
Son pérdidas millonarias.
Son actos delictivos audaces.
Son atracos temerarios.
Son al final de cuentas hechos que en la mayoría de los casos se nos presentan como cuestiones aisladas que en el discurso oficial ni siquiera alcanzan para la estadística.
Se nos asegura que los patrullajes son intensos.
Tan intensos como las diligencias que surgen con cada nuevo ataque.
Pero la intensidad parece quedarse sólo en el relato periodístico porque los resultados distan mucho de dejar conformes a las víctimas diarias de la delincuencia.
Si la solución fuera sólo tener más policías esto de la delincuencia ni siquiera calificaría para problema.
Pero el punto parece ser otro.
Porque a la luz de los hechos debiéramos preguntarnos ¿Cuán efectivos son los servicios policiales?
Es más ¿cuántos de estos hechos pudieron evitarse con una estrategia policial distinta?
Probablemente muchos.
Pero a juzgar por el discurso policial alimentado por la demagogia de ciertas autoridades que se resisten a enfrentar la realidad, debiéramos estar tranquilos y entender cada uno de estos delitos como hechos aislados.
Mientras tanto se acaba el tiempo antes de que tengamos que lamentar nuevas víctimas.
Se acaba el tiempo para hacer un diagnóstico certero, sin maquillajes y apegado a esta realidad con la que convivimos.
Se acaba el tiempo para frenar en seco y de una buena vez a esta verdadera tropa de delincuentes que a esta misma hora acecha en nuestra calles.

7 de diciembre de 2006

En resumidas cuentas…

Se nos habló del famoso Plan San Antonio, se vino la Revolución de los Pingüinos, se destapó Chiledeportes, los PGE fueron a parar a campañas políticas, nos quedamos –por el momento- sin casino, salí a poto pelado en la tele y los asesinos de Juanito Miranda se fueron a la cárcel. Puede parecer simplista; pero ese, a mi juicio, es el año 2006.

Por Juan Olivares Meza
Periodista-Lic. en Comunicación Social


“Ley especial para San Antonio, ¿Saben lo que eso significa?” Claro que sé lo que eso significa y por eso me sorprendí tanto cuando le escuché esta frase histórica al intendente Iván de la Maza. Y digo escuché porque me tocó ser testigo de la eufórica presentación que el intendente hizo del nuevo gobernador provincial Humberto Burotto promediando la primera quincena de marzo.
En ese mismo lugar se presentó a la concurrencia el famoso Plan San Antonio que a estas alturas del año no es más que una anécdota guardada en hermosas carpetas con troquelado para poner un disco con dos powerpoints.
Y bueno, desde luego pudimos conocer a la nueva autoridad de quien no puedo decir mucho más de lo que ya dije en una columna anterior, con la salvedad de que el paso de los meses y una que otra conversación me obligan a entenderlo más que al principio. El hombre es así y que le vamos a hacer.
Muy inteligente será, pero la habilidad política –tan necesaria para este tipo de cargos- escasea.
Luego nos enteramos que los Programa de Generación de Empleo habrían (esa es la conjugación correcta del verbo cuando uno no está seguro) financiado entre otras campañas políticas, la del diputado Samuel Venegas. Se nos enfermó el hombre, luego regresó y sin ser yo un especialista médico creo que las acusaciones en su contra han generado una especie de tumor en su personalidad. Se le ve cada vez más apagado, menos locuaz, más trabado, muy discreto. Eso cuando se le ve.
Los pingüinos también tuvieron su mes y con la perspectiva del tiempo he aprendido a sentirme orgulloso de haberle dicho a mis alumnos que salieran a la calle y que se tomarán el liceo. Fue mucho más que eso lo que los motivó, pero a mi me hace sentir que también fui parte.
Un empresario de San Antonio, bueno dos si quieren, se despertó una mañana con la idea fija de evitar que el Casino se instalara en este puerto y apoyado por gente con mucha plata (Thunderbird IEG) logró entrampar más de la cuenta la adjudicación de una licencia para este puerto. No conforme con eso sacó del baúl del olvido uno de sus muñecos parlantes y lo puso a despotricar contra todo lo que se mueve. Afortunadamente – y eso está demostrado- el muñequito tiene poca cuerda y pronto volverá a sus labores de masajista de los poderosos, para que otra vez podamos olvidarlo.
En medio de todos estos ires y venires hay una madre que por fin por estos días puede dormir un poco más tranquila al saber que los asesinos de su hijo están donde siempre debieron estar: tras las rejas.
Distintos jueces en distintas ocasiones han negado la libertad de Patricio y Nevenka. Cada vez que pienso en ellos recuerdo el día que Cecilia llegó hasta los estudios de nuestra radio a mediados del mes de febrero, para preguntar si de verdad vendría el presidente Lagos a San Antonio.
Con mi amigo Manuel no sólo le confirmamos, sino que también la animamos a contactarlo y hasta facilitamos el encuentro. Los resultados no tardaron en venir, el presidente solicitó un magistrado con dedicación preferencial, vinieron brigadas especializadas de Santiago, la mentira se quebró, los testigos falsos se asustaron y Patricio y Nevenka fueron detenidos justo cuando intentaban escapar de Chile.
El día que me llamaron a declarar era tarde en la noche, pero no dudé y asistí lo más rápido que pude. Bajo secreto profesional también pude enterarme de algunos detalles que ya será oportuno contar.
Como no recordar la peligrosa y tenaz persecución que protagonizamos con los colegas por plena avenida Barros Luco para poder captar aunque fuera una imagen de los asesinos. O el intento de linchamiento que los familiares de Juanito Miranda protagonizaron al ingreso de Pato y Nevenka a la cárcel.
A la cárcel. Hace un año este escenario era impensado.
Y en lo personal el 2006 me tuvo otra vez todos los días reporteando y opinando con mi gran amigo el periodista Manuel Villatoro. Armamos la radio 93.3, inventamos los noticieros, creamos espacios y nos jugamos al mil por ciento para sacar adelante este proyecto.
Como en la CNN compañero, fue la frase más recurrente.
Sin-Vergüenzas y mi poto al aire cada sábado por las pantallas de Canal 2 de TV San Antonio, merecen columna aparte.
Aquí me quedo con las noticias, con mi radio, con mi amigo Manuel, con todas las mañanas, las noches y los días.
Con todo el ánimo del mundo para seguir otro año y después mirar atrás.
Me quedó con la gente que no se deja engañar, me quedo con las pocas lucas, pero con la frente en alto.
Pero por sobretodo me quedo con la convicción firme de que el periodismo es mi vida, mi sangre y mi ser.
¡Viva la prensa libre!